El dia se presentaba adecuado para correr, aunque al parar en Mengíbar para recoger a Javi, el termómetro del coche marcaba 3º a las 9 de la mañana y la alerta por posibilidad de firme helado cansineaba intermitente en el salpicadero. No hay mucha distancia desde aquí a Linares, así que 20 minutos después ya habíamos aparcado en los alrededores del famoso Paseo de Linarejos, en uno de cuyos extremos se encuentra la plaza de toros donde murío Manolete (mis disculpas a los anti-taurinos, si los hay, por la referencia).
La temperatura seguía siendo fresca, demasiado a decir de algunos. En primer lugar, como es lógico, nos dirigimos a recoger los dorsales en la zona de llegada y allí tengo el primer encuentro de la mañana, otra vez con una persona a la que solo conocía por sus comentarios: José Antonio Palomo del club Cronos, que estaba allí con la gente de su club intentando averiguar como podían inscribirse, fuera de plazo, en la carrera de los puentes, una prueba-fiesta no competitiva, que se celebrará el próximo domingo aquí en Jaén organizada por el club Maratón Jaén si no me equivoco. Me alegré mucho de conocerlo en persona y de verlos, a él y a su gente, participar en esta humilde prueba. Justo después me encuentro con otro atleta de los buenos que además estaba en su propia casa, Dioni del club La Cabria. Es él el que se encarga de darnos la sorpresa de la jornada: debido a diversos problemas, <modo rumor ON>posible falta de efectivos policiales<modo rumor OFF>, el recorrido ha cambiado a ultimísima hora de manera que la mayor parte del recorrido urbano ha sido descartado, con lo que la carrera discurre ahora en su mayor parte por la estrecha pista de la Vía Verde linarense en un circuito a doble vuelta que incluía una subida, negociable pero larga o a la inversa, de unos 6 km. Si echáis un vistazo al perfil de la prueba os podréis hacer una idea de lo que nos esperaba.
Una vez recogidos los dorsales y evacuado el exceso de líquido, a lo cual animaba sobremanera el frescor matutino, volvimos a dirigirnos a la zona de recogida de dorsales donde tenía que encontrarme con el otro José Antonio que venía de Granada para correr esta media a ritmo tranquilo con vistas a la de Los Palacios dentro de 10 días. Allí nos encontramos puntualmente con él y con Mario, otro corredor de Granada aunque actualmente vive-trabaja en los Madriles. Como no es la primera prueba que tengo el placer de compartir con José Antonio, sé que es de los que tiene por costumbre tomar un café justo antes de la competición y en vistas de que tanto él como Javi tienen más frio que pelando rábanos (expresión popular de esta, mi tierra), les propongo ir a cumplir con la tradición cafetera.
Diez minutos y unos cafés después, estamos fuera de nuevo y tras unos leves estiramientos y un poco de calentamiento, nos vemos siguiendo al resto de participantes en búsqueda de la inexistentemente señalizada linea de salida (supongo que como consecuencia de la variación apresurada del recorrido, no hubo tiempo material de marcar el punto de partida de manera adecuada). Al poco de estabilizarse el pelotón, sonó el pistoletazo de salida y allá que nos fuimos todos en busca de la Vía Verde después de dar una vuelta completa al paseo.
Desde la salida comenzamos a subir una pendiente suave que nos lleva hasta el cuello de botella que marca el comienzo de la Vía Verde. Al poco de entrar en ella, Mario, al que se le adivina un estado de forma envidiable, decide que el ritmo que llevamos, sobre 4:40/km, es demasiado lento para él y se separa de José Antonio y de mí, perdiéndose rápidamente entre la marabunta de corredores que ocupabamos la estrechez de la pista de tierra. Zigzagueando vamos adelantando posiciones unas veces y siendo adelantados en otras ocasiones. Me siento bien, con fuerzas, aunque desconfío de la continua pendiente que ahora llevamos ya que, aunque Dioni nos ha descrito el nuevo recorrido, no tengo una idea clara de como puede ser de dura y larga la subida. Por otro lado José Antonio va sobrao, se le nota que si no fuese porque yo lo retengo, a estas alturas estaría marcando el paso al lado de Mario, se le ve subir con un ritmo constante y fácil. Me preocupa que el flato ha amenazado en dos ocasiones con hacer acto de aparición, con sendas dolorosas punzadas en mi costado. En cualquier caso no digo ni mú, porque tampoco quiero cortar en exceso la carrera de mi compañero de fatigas.
Cae el kilómetro 5 y comentamos que se echa de menos un puesto de avituallamiento con agua, de hecho no lo encontraríamos hasta 3 o 4 kilómetros después, una vez de vuelta a las calles de la ciudad. Conforme nos acercamos a la parte final de la cuesta, su pendiente se va acentuando ligeramente, lo que, junto a su longitud, empieza a aclarar los grupos de corredores. Ya comienzan a aparecer los primeros huecos y la cuerda de participantes se va estirando. Sobre el kilómetro 6 se termina la subida y un falso llano nos lleva de nuevo al asfalto y al primer puesto de agua sobre el kilómetro 8 (en realidad era el segundo, el primero estaba en el kilómetro 1, justo al final de la vuelta inicial al paseo de Linarejos, pero esta ubicación prácticamente lo desacredita como tal primer puesto).
Se inicia una zona de descenso mas corta que la de subida, pero mas inclinada, que nos lleva hasta el kilómetro 10 aproximadamente. Mi principal preocupación aquí es bajar las pulsaciones sin perder ritmo en exceso, y es que la constante subida pasa factura. Afortunadamente consigo bajar de las 160 ppm y a la vez recuperar el ritmo de 4:40 que habíamos perdido en el último tercio de la cuesta, algo que, por otro lado, entra dentro de la lógica.
No me resulta nada difícil deducir, conforme nos acercabamos al punto más bajo del recorrido, que el descenso termina a un nivel más bajo que el punto de partida, lo cual quiere decir que el segundo paso por la cuesta va a ser mas prolongado al tener que añadir ese kilómetro de subida que nos separaba del parque.
Durante toda la bajada nos pasan corredores que aprovechando la pendiente se lanzan a tumba abierta. Yo intento no cebarme y centrarme en mis objetivos: bajar las pulsaciones y recuperar el ritmo.
Comenzamos de nuevo a subir. La bajada me ha permitido recuperarme y, sin haber bajado la velocidad, me encuentro de nuevo cuesta arriba con ganas y con fuerza. El falso llano del paseo nos permite tomar aire para entrar otra vez en la Vía Verde. Conforme vamos ascendiendo empezamos a adelantar a los corredores que nos pasaron en el descenso. El conocimiento del terreno juega ahora a nuestro favor y a pesar de que ya llevamos más de la mitad de la prueba en las piernas, sabemos qué, cuánto y cómo es lo que nos espera. José Antonio va que se sale, lo que me ayuda a mi para no dormirme y mantener el ritmo. Llegando a la parte más alta seguimos cobrando piezas, recogiendo cadáveres, como se suele decir, porque la segunda vuelta a la cuesta se cobra su peaje. Coronando me doy cuenta de que el ritmo, y las pulsaciones, se me han ido demasiado arriba hasta plantarse en 4:46/km. Soy consciente de que tengo que esforzarme por recuperar en la bajada y de que esta vez me va a costar más trabajo.
Pasamos de nuevo por el puesto de agua que marca el inicio real de la bajada. José Antonio pisa el acelerador levemente y yo me coloco a remolque suyo a un metro de distancia. La maniobra no tarda en hacer efecto y en pocos minutos el ritmo medio está otra vez en los 4:40, a fuerza de velocidades instantaneas que bajaron de los 4:00/km. Sobe el kilómetro 17 y pico o 18, viendo que José Antonio tiene realmente que hacer un esfuerzo por no salir disparado, le digo que tire, que yo ya voy en el ritmo que quería y poco a poco lo veo volar pendiente abajo adelantando corredores. Por mi parte intento buscar el equilibrio entre la recuperación y mantener la velocidad. El cansancio se empieza a notar, incluso bajando y no estoy muy seguro de como voy a afrontar el último par de kilómetros que como ya resulta fácil adivinar, van a ser de súbida. Me da igual, me digo, me sacudo las telarañas y aprieto en la subida final. Al llegar al paseo me encuentro con la, desagradable para muchos, sorpresa de que hay quedarle una última vuelta al parque antes de entrar en el tunel de llegada. Lo que para algunos supuso una especie de mazazo psicológico, a mi no me pilló de sorpresa porque, mirando el kilometraje en el Fore, sabía que algo así me esperaba: entrar directamente en la recta de meta suponía llegar sobre un kilómetro por debajo de la distancia de una media maratón.
Hago el primer lateral del parque en solitario, al girar para hacer el lado opuesto me encuentro de repente con grupos de corredores diseminados a lo largo y ancho de la calle, voy haciendo eses y termino pasándolos a todos. Es curioso, desde que empezó la segunda vuelta por la Vía Verde hasta que entro en meta no me ha adelantado nadie, he sido yo el que ha ido ganando puestos.
Megafonía anunciaba los datos de cada uno de los corredores que cruzaban la llegada: nombre, dorsal, ciudad y club si había lugar. Lo escuchaba mientras daba la vuelta final, sin embargo cuando me tocó a mi solo oí la última parte …del club Fondolivo, Jaén, debe ser porque desde que encaré la recta última no dejaba de mirar el crono oficial. No se que tiempo marcaba, solo se que no llegaba a 1:38:00.
Ya ha terminado, me pasan el lector por el código de barras del dorsal y dos metros más allá me dan un etiqueta con mis resultados provisionales, aquí la tenéis:
Como puede no resultar muy legible porque da la sensación de que traje la etiqueta metida en salva sea la parte, aclararé su contenido:
- Dorsal 454
- Tiempo: 01:37:59
- Media: 04:38/km
- Clasificación: 101 de la general, 99 de la categoría masculina, 16 de la categoría Veterano B.
Santi me auguró en Almansa que yo podía bajar de 1h 40′ en una media y, como no me gusta dejar a nadie en envidencia, aquí he venido a darle la razón, bajando en unos 3 minutos la que hasta ahora había sido mi mejor marca que conseguí, precisamente, en la media de Almansa.
Los resultados definitivos los publicarán en la
página de Idea Informática, como de costumbre.
Al terminar fue realmente cuando me dí cuenta del esfuerzo que hice. Me encontraba realmente cansado, más que en cualquiera de las otras medias, quizá también influyó el resfriado incipiente con el que corrí y la congestión que me acompañó durante los primeros kilómetros. No lo sé.
Solo me queda daros las gracias por vuestro apoyo y vuestros ánimos y especialmente a José Antonio por acompañarme y facilitarme la carrera del modo que lo hizo.
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