Tres en uno, como el lubricante milagroso, y, parafraseando a Tolkien en su famosa obra, un post para unirlos a todos.
No se si he perdido la costumbre de escribir o es que nunca la he tenido, el caso es que me cuesta decidir por dónde empezar. De todas maneras y sin que sirva de precedente, (o si, vete tú a saber), comenzaré la casa por el tejado.
La deuda.
Porque la tengo, o así lo considero yo. La deuda que tengo respecto a muchos de vosotros que habéis leido con mas o menos paciencia mis monótonos posts, que habéis pasado por esta ventana para asomaros de vez en cuando a una minúscula parte de mi vida y dar un empujón o un tirón de orejas, a los que, a ratos, he echado de menos durante estos meses difíciles; aquellos que se han interesado por mi en medio del silencio. A todos os debo, porque quiero, una explicación.
La ausencia.
Es el motivo de la deuda y, por tanto, de la explicación debida. Cierto que dije que durante un tiempo iba a estar ausente, pero desde luego en ningún momento pensé que iba a ser tanto. Es mas, en la cabeza tenía la idea de poner algunos posts con mis planes sobre futuras carreras, entrenamientos, … Nunca imaginé que otra historia iba a ocupar mi esfuerzos de manera tan absorbente y necesaria.
La lesión.
El origen de todo, la madre del cordero que dirían algunos. Una lesión grave, pero de las que no afectan a ningún músculo, ligamento o hueso; de las que no aparecen en radiografía alguna; de las que ningún especialista médico sería capaz de detectar; de las que no hay farmacopea que tenga solución. No, no se trata de ese tipo de lesión, sino de aquellas otras que dejan el alma como un colador, como un solar, como un cuartel robado. Me vais a disculpar por no ofecer mas detalles, pero baste con decir que estos meses de silencio he estado empeñado, sigo empeñado, en sobrevivir primero, y en reconstruir después. No ha terminado la película y, francamente, desconozco cual será el final. No atisbo la salida del tunel, la luz, la meta, pero sigo corriendo en este maratón para el que no hay preparación que valga, tropezando a veces con la impotencia, la rabia, la impaciencia y volviéndome a levantar para seguir dando zancadas, aunque sea boqueando en la oscuridad.
Comentarios recientes